La Resistencia Sagra aborrece el Gobierno de Andres Pastrana Arango

Andrés Pastrana Arango fue un presidenete que con una foto con Manuel Marulanda Velez  y con la promesa de paz gano la presidencia en contra del candidato liberal Horacio Serpa Uribe, la verdad no sabría si estaríamos igual o peor

Cada derrota militar en su gobierno es un puñal que nunca olvidare, alguien que negpcia no entrega al país  y por ello sus amigos políticos no lo juzgaro, al igual que Ernesto Samper todo se le perdonó por ser presidente pero la historia lo juzgara por ser el Presidente que entregó al País a las Farc, el pudo ponerle punto final a la lucha y en cambio todo acabo


Primera parte del Gobierno Pastrana

La prioridad otorgada por el candidato del partido conservador Andres Pastrana Arango durante la campaña presidencial de 1998, a las propuestas de iniciar negociaciones de paz con las guerrillas comunistas de las FARC (unos 17.000 hombres) y el ELN (unos 6.000 hombres y cuyo líder máximo el «Cura Pérez» había muerto a principios de año), sumado a la incidencia de este en los mensajes sociales, alimentaron las esperanzas de una población estragada por cuatro décadas de violencia en múltiples frentes y otros déficits de tipo económico.
Por otro lado, su oferta de restaurar el nivel de cooperación con Estados Unidos vigente hasta 1996, cuando la Agencia para la Lucha contra la Droga (DEA) descertificó al Gobierno de Samper, fue acogida positivamente en Washington. Aun y todo, Pastrana, al que se le asociaban importante contactos con las élites económicas y políticas de Estados Unidos, precisó que de llegar a la Presidencia no estaría dispuesto a acoger asesores militares de ese país para no hacer un "excesivo énfasis en las medidas represivas".
En la elección del 31 de mayo de 1998 Pastrana fue, con el 34,4% de los sufragios, el segundo candidato más votado, aunque tan sólo con una décima menos que el liberal Horacio Serpa Uribe, que había desarrollado una campaña fieramente populista y planteado similares propuestas, si bien en el recuerdo del electorado pesaba la defensa que en su momento hizo del acosado Samper. Sin embargo, en el desempate del 21 de junio Pastrana obtuvo el apoyo de la mayoría de los votantes con el 52% de los sufragios. Los comicios se celebraron en un clima relativamente pacífico para los estándares colombianos y registraron un índice de participación histórico, el 59%, lo que reflejaba la fuerte voluntad de cambio del electorado.

Pastrana tomaba posesión de su mandato cuatrienal, primero para el Partido Conservador desde 1986, el 7 de agosto, pero no esperó hasta entonces para mover sus piezas en el frente de la guerrilla. Con un dinamismo inusual en un estadista de este nivel y no poca audacia política, el 9 de julio el mandatario electo se internó en la selva para reunirse con el comandante Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo, alias de Pedro Antonio Marín, quien era el líder histórico de las FARC, su fundador en 1964 y el número uno de su Secretariado y su Estado Mayor Central. El encuentro, primero directo de un mandatario colombiano con la guerrilla y que sorprendió por la cordialidad formal exhibida por los interlocutores, sentó las bases para futuras negociaciones encaminadas a finalizar la guerra civil.
Al mismo tiempo, el ELN y el Consejo Nacional de Paz (CNP), foro integrado por organizaciones no gubernamentales y representantes de la sociedad civil colombiana, llevaban tres meses dialogando en un convento de carmelitas en las cercanías de la ciudad alemana de Maguncia. De esta "mesa de sondeo" surgió, el 15 de julio, un acuerdo de principio para convocar antes de octubre una Convención Nacional como conferencia de seguimiento y consolidación del proceso. Todo ello parecía indicar que la elección de Pastrana había sido un verdadero catalizador de las iniciativas de paz.
No obstante, bien pronto quedaron decepcionadas las perspectivas más optimistas y cobraron argumentos quienes venían advirtiendo que el proceso de paz iba a ser largo y proceloso. El 22 de julio el ELN rompió su compromiso de tregua y comenzó una campaña de atentados. El mismo 7 de agosto, la ceremonia de asunción de Pastrana quedó deslucida por la ola de violencia guerrillera sin precedentes que asolaba el país, que quedó conmovido en particular por el desastre militar del 3 de agosto, con cientos de soldados y civiles muertos o desaparecidos en los combates. Se habló de desaire de la guerrilla a Pastrana y, ciertamente, esta situación no iba a ser excepcional en los cuatro años siguientes. La ofensiva subversiva del 3 de agosto de 1998, como «despedida al Gobierno Samper», fue la mayor en toda la historia de las guerrillas colombianas. Se atacaron en todo el país 62 objetivos del Gobierno con asaltos masivos de instalaciones militares, hostigamientos, sabotajes y carros bomba, dejando 81 uniformados muertos, 120 heridos y más de 150 secuestrados. En Miraflores, Guaviare escenario del más grave hecho de orden publico, la base antinarcóticos de la policía y el cuartel del Batallón Joaquín París donde estaban destacados 190 hombres, fueron totalmente arrasados tras 26 horas de combate que se saldaron con 19 muertos, 30 heridos y 129 capturados entre las fuerzas gubernamentales, que además sufrieron otros duros ataques en Uribe (Meta) donde fue golpeado el Batallón No. 21 Vargas (29 soldados y 1 policía muertos, 30 heridos y 7 secuestrados), Pavarando (9 soldados muertos y 7 capturados) y San Carlos (Antioquia) (9 policías rendidos). La llegada a la presidencia de Pastrana estuvo acompañada por otro descalabro en Tamborales (Riosucio, Choco) el 14 de agosto de 1998 en el que murieron 42 militares y 21 más fueron hechos prisioneros en una nueva batalla campal entre 200 hombres contraguerrilla del Ejército y 1.000 guerrilleros. Las bajas entre estos últimos alcanzaron las 60. Y en septiembre serían el EPL Y el ELN quienes en el corregimiento de Las Mercedes en Norte de Santander, sometieran a todos los uniformados que ocupaban el cuartel de policía local, capturando 20 hombres. Finalmente, dos meses después, el 18 de octubre el ELN, dinamito un oleoducto en Machuca (Antioquia) y provocó una verdadera masacre que le costo la vida a 80 civiles.
El 14 de octubre, tres días después de hacer lo propio con el ELN, el Gobierno arrancó las conversaciones con las FARC. Éstas vieron reconocido un estatuto político y el Ejército comenzó a abandonar una vasta zona selvática en los departamentos de Caquetá y Meta, al sur del país, de 42.130 km² (extensión ligeramente superior a la de Suiza y que comprendía cinco municipios), satisfaciendo la precondición planteada por Marulanda a Pastrana de levantar un "laboratorio de paz" en esta región dominada por la guerrilla. El 7 de noviembre los militares completaron la evacuación y la llamada Zona de Distensión de San Vicente del Caguán se hizo efectiva. Pero antes de que se terminara de concretar el despeje total de la zona desmilitarizada del Caguan, las Farc lanzaron su más atrevido plan de guerra contra el Estado colombiano al tomarse por asalto, por vez primera vez en su historia, una capital departamental, la aislada Mitú en medio de las selvas del Vaupés. Aproximadamente 1.500 hombres de las Farc se lanzaron contra la exigua guarnición del cuartel policial compuesta por 120 elementos (5 oficiales, 2 suboficiales, 77 patrulleros, 6 agentes y 30 auxiliares bachilleres) al mando del Coronel Luis Mendieta. Tras 12 horas de feroces combates contra los cerca de 90 policías parapetados en la Estación y sus alrededores, sobre las 4:30 de la tarde, los subversivos coparon la posición habiendo matado a 16 miembros de las fuerzas gubernamentales y capturado 61 mas, entre ellos el Comandante de la Policía nacional en el Vaupés el Coronel Mendieta.
Los guerrilleros ocuparon Mitú por 72 horas, aprovechando la impotencia del Gobierno para enviar refuerzos, puesto que la pista aérea había sido destruida, y esa era la unica forma de acceso a la distante capital departamental. Sin embargo las fuerzas gubernamentales preparaban el contraataque. Luego del desembarco nocturno de 220 soldados y policías de fuerzas especiales a 6 Km de la población; seguido por la llegada de medio millar de uniformados mas a Cuererí (60 Km de Mitú), las fuerzas gubernamentales avanzaron en medio de duros combates hacia la capital departamental apoyados por un inmenso dispositivo aéreo, retomándola al atardecer del dia 3 tras el repliegue de los guerrilleros (que la habían abandonado sobre el mediodía con no menos de un centenar de bajas) hacia el Guaviare.Gracias a la dura contraofensiva militar, fue frustrada la más grande y ambiciosa operación de la FARC en el país, que era el poder controlar durante varios días una capital departamental. Además fue el primer descalabro serio sufrido por el bloque oriental, en curso de su aparente inexorable cadena de sucesivos triunfos sobre las fuerzas estatales.
A fines de mes entre El Retorno y Calamar (Guaviare) feroces combates entre 800 guerrilleros que se replegaban desde Mitu y mil hombres de la Brigada Móvil Número 3 que los trataban de cercar, se saldaron con la muerte de una veintena de militares, y el secuestro de 3 mas, mientras los guerrilleros perdieron no menos de 40 de sus integrantes.
El 7 de enero de 1999 comenzaron las negociaciones de manera oficial, y lo hicieron con mal pie: al encuentro inaugural en San Vicente del Caguán, en Caquetá, no compareció Marulanda, dejando a Pastrana en situación embarazosa, como señal de advertencia al Gobierno contra la concesión de un estatuto político similar y garantías de amnistía a las organizaciones paramilitares de extrema derecha, unos 7.000 hombres agrupados desde abril de 1997 como Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) bajo el mando de Carlos Castaño. Precisamente, estos grupos, responsables de algunas de las peores violaciones de los Derechos Humanos, habían desencadenado en la víspera una campaña de masacres contra civiles sospechosos de pertenecer o simpatizar con la guerrilla, para obligar al Gobierno a sentarse con ellos en una mesa de negociaciones y obtener beneficios políticos también en plano de igualdad.
El 2 de mayo de 1999 Pastrana y el jefe de las FARC celebraron una conferencia por sorpresa y desbloquearon la situación empantanada desde el 25 de enero por decisión unilateral de la guerrilla, y cuatro días después se reanudó el proceso negociador. Pero en los meses siguientes la coyuntura no hizo más que empeorar en todos los frentes, y no sólo los militares, poniendo a Pastrana contra las cuerdas. Por un lado, las guerrillas no le concedieron ninguna facilidad, incrementando los asesinatos y los secuestros de personajes públicos o de grupos en masa -la irónicamente denominada "pesca milagrosa", que nutre un lucrativo negocio de rescates-, las voladuras de instalaciones como oleoductos y torres de energía y las emboscadas a militares y policías. Sin duda crecidas por los resultados obtenidos hasta entonces, las FARC optaron por las grandes demostraciones de fuerza a fin de obtener del Gobierno las máximas ganancias.
La tesis de Pastrana de perseverar contra viento y marea no encontraba eco en buena parte de la opinión pública, cada vez más escéptica ante un proceso de paz percibido sólo como una sucesión de concesiones y gestos de apaciguamiento, que a cambio sólo producían en las guerrillas declaraciones arrogantes y una espiral de agresiones al Estado. Según algunas encuestas, el 70% de los colombianos percibía la subversión como una manifestación no guerrillera, sino terrorista, y no eran pocos los que pensaban que el presidente se estaba mostrando "más preocupado en satisfacer a las guerrillas que en escuchar a la parte de la sociedad que no está armada". El 26 de mayo de 1999, en vísperas de unas jornadas bélicas especialmente sangrientas, se abrió una crisis sin precedentes en el Ejército por la dimisión de 14 generales y coroneles, con el ministro de Defensa a la cabeza, en protesta por la desmilitarización de una parte del país en aras del proceso de paz.

Comentarios

Entradas populares de este blog